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Clasificación de diamantes


Básicamente, los diamantes se clasifican de acuerdo a  las cuatros Cs (en inglés): quilate, claridad, color y corte. Se consideran también otras características, incluyendo forma y desempeño de la luz.
El peso del quilate es una medida de la masa del diamante, y un quilate se define como 200 miligramos.
La unidad de punto, que equivale a 0,01 quilates, o 2 miligramos, se utiliza comúnmente para diamantes que pesan menos de un quilate. Todo el resto siendo igual, el precio por quilate aumenta con el peso del quilate, ya que los diamantes más grandes son a la vez más raros y más deseables para su uso como piedras preciosas. Sin embargo, el precio por quilate no aumenta linealmente al aumentar el tamaño, sino que fluctúa alrededor de marcas de pesos de quilates, ya que la demanda es mucho mayor para diamantes que pesen apenas un poco más de una marca en particular, que para aquellos que pesen justo un poco menos. Por ejemplo, un diamante de 0,95 quilates puede tener un precio significativamente más bajo por quilate que un diamante comparable de 1,05 quilates, porque éste último tiene mayor demanda. El peso total en quilates (t.c.w.) es una medida de la masa total de los diamantes u otras piedras preciosas en una pieza de joyería. Los aretes solitarios de diamante, por ejemplo, son usualmente cotizados en t.c.w.  cuando salen a la venta, indicando la masa de los diamantes en ambos aretes, y no cada diamante individual. T.c.w. se usa también con frecuencia para collares de diamante, brazaletes, y otras piezas de joyería similares.       
Claridad, en una escala de perfecto a imperfecto, es una medida de los defectos internos de un diamante, llamados inclusiones. Las inclusiones pueden ser cristales de otro diamante o de un material diferente, o pueden referirse a defectos estructurales como pequeñas grietas, que pueden aparecer de color blanquecino o nublado. La cantidad, tamaño, color, ubicación relativa, orientación, y visibilidad de las inclusiones pueden todos afectar la claridad relativa de un diamante. La claridad se clasifica de acuerdo a las inclusiones que se pueden ver con un microscopio con una ampliación de 10X. Sólo como un 20% de todos los diamantes extraídos tienen una calificación de claridad lo suficientemente alta para ser usados como piedras preciosas. El restante 80% es relegado para uso industrial, pues la mayoría de las inclusiones no afectan el desempeño del diamante ni su integridad estructural. Del 20% utilizado para joyería, una parte significativa contiene una o más inclusiones visibles, que se pueden esconder más adelante seleccionando un ajuste adecuado para la pieza. Sin embargo, grandes nubes pueden afectar la dispersión de luz del diamante y su capacidad de transmisión. Por otra parte, grandes grietas que están a punto de romper o rompiendo la superficie pueden debilitar la piedra. En consecuencia, los diamantes que no tienen una inclusión visible, conocidos como "eye-clean", son los preferidos por la mayoría de los compradores.

El Instituto Gemológico de América (GIA) utiliza un punto de referencia establecido de diamantes naturales con clasificación de color conocido, junto con condiciones de iluminación estandarizadas y cuidadosamente controladas, para clasificar los diamantes por su color. La mejor calidad en la clasificación del color es D, que significa un diamante que es totalmente incoloro: un diamante químicamente puro y estructuralmente perfecto es completamente transparente, sin tinte ni color. En realidad, la mayoría de los diamantes naturales de tamaño de joya son imperfectos, ya que su color se ve afectado por impurezas químicas y/o por defectos estructurales. La clasificación siguiente en la calidad del diamante es E o F, dada a los diamantes que muestran huellas muy escasas de color cuando son observadas de expertos, pero cuyo color realmente no se puede ver cuando se insertan en una pieza de joyería. Diamantes que muestran rastros muy pequeños de color a simple vista reciben clasificación G o H. Los diamantes con un poco de color se clasifican de I a K. Sin embargo, el color en un diamante no es siempre una mala cosa: algunos colores son muy raros en los diamantes, dándoles a estas piedras un valor inestimable, como por ejemplo el diamante Hope azul. Por lo tanto, dependiendo del tinte y de la intensidad de la coloración del diamante, el color de este puede menoscabar o acrecentar su valor. La mayoría de los diamantes utilizados como piedras preciosas son básicamente transparentes con un ligero matiz, y se les llama diamantes blancos. La impureza más común, el nitrógeno, sustituye una pequeña proporción de los átomos de carbono en la estructura de un diamante y provoca un matiz amarillento a marrón, que disminuye el valor del diamante. Así los diamantes blancos se clasifican de D a Z (con D siendo "sin color" y Z teniendo una coloración amarillo brillante). En términos generales, los diamantes con clasificaciones de color más altas son menos frecuentes, tienen mayor demanda, y por lo tanto son más costosos. Sin embargo, paradójicamente, los diamantes con clasificación de Z (la clasificación de color más baja posible) también son raros, y su color amarillo brillante es por lo tanto altamente valorado. No obstante, en contraste a los tintes amarillos o marrones, los diamantes de otros colores son más raros y valiosos, con las coloraciones más intensas teniendo los precios más altos. A estos diamantes a veces se les cataloga como de "fantasía" en la industria de los diamantes.    
El corte del diamante es el arte y la ciencia de crear un diamante de calidad a partir de diamantes en bruto extraídos (el diamante en su forma no adulterada, recogido de las minas). El corte de un diamante describe la forma en que la piedra bruta fue formada y pulida, la calidad del acabado, y sus ángulos terminados. El corte del diamante no debe confundirse con su forma. Hay pautas matemáticas para los ángulos proporciones de longitud de los cortes que reflejarán la cantidad máxima de luz. Los diamantes brillantes redondos, el corte de diamante más común, son guiados por estas pautas específicas, pero piedras de fantasía no pueden seguir tan exactamente los detalles matemáticos. En 1919, el matemático y entusiasta gemólogo Marcel Tolkowsky desarrolló el corte brillante redondo calculando la forma ideal para regresar y dispersar la luz cuando un diamante se ve desde arriba.          
El corte brillante moderno tiene 57 facetas (caras pulidas): 33 en la corona (la mitad superior), y 24 en el pabellón (la mitad inferior). La faja es la parte media fina de la piedra. La función de la corona es la de difundir la luz en varios colores, y la función del pabellón es la de reflejar la luz de vuelta a través de la parte superior del diamante. La culata es el pequeño punto o faceta en la parte inferior del diamante que impide que el diamante se astille en su entorno. La culata debe ser lo más pequeña posible, entre 1-2% del diámetro total del diamante, de manera que la luz no se escape por el fondo. Entre más cerca del ideal Tolkowsky estén las características del diamante, la menos cantidad de luz se reflejará.     
Sin embargo, hoy en día, porque se considera que el peso en quilates es el factor más importante en un diamante, muchos diamantes son cortados pobremente a propósito, para así aumentar el peso en quilates. Hay una prima económica para un diamante que pese el mágico 1.0 quilates (200 mg), y por eso la faja se hace a veces más gruesa o se aumenta la profundidad. Sin embargo, ninguno de estos "trucos" hace que el diamante se vea más grande, y ambos reducen enormemente su brillo. El porcentaje de profundidad es la indicación más rápida general de la calidad del corte de un brillante redondo.    
Los diamantes redondos "ideales" no deben tener un porcentaje de profundidad superior a 62.5%. Otra rápida indicación es el diámetro total. Típicamente, un diamante brillante redondo de 1.0 quilates debe tener un diámetro de alrededor 6.5 mm. Sin embargo, los cortes ideales pueden ser polémicos ya que las definiciones de brillo y belleza son muy subjetivas. Nuevos cortes de diamante están ahora de moda en la industria de los diamantes, como por ejemplo el corte Génesis, un diseño inventado en 2003. El corte difiere en su forma de los cortes más tradicionales, sus superficies cóncavas y ángulos asemejándolo a una estrella de cuatro puntas.    
Los diamantes se cortan en una variedad de formas que son generalmente diseñadas para acentuar el fuego y el brillo característico (lustro) por el que son conocidas las piedras preciosas de diamante. Como ya se mencionó, los cortes de fantasía no se adhieren tan exactamente a las reglas matemáticas que guían al corte brillante redondo, y por lo tanto no están sujetos a las mismas normas estrictas de estos. Las formas de los cortes de fantasía están fuertemente influenciadas por la moda: el corte de baguette (en forma de una barra de pan Francés), que minimiza el fuego del diamante y acentúa su lustro, fue muy popular durante el período del Art Deco. El corte de la princesa (de forma cuadrada),  que acentúa el fuego de la piedra en lugar de su lustro, es más popular hoy en día. Este corte es también preferido por los cortadores de diamantes, ya que desecha la menor cantidad del cristal original. Otros cortes de fantasía populares incluyen la marquesa, el corazón, los cortes briolette y de pera, y los nuevos cortes acolchonados y radiantes,  con bordes redondeados, así como los cortes Asscher.
Muchos de estos nuevos cortes se basan en unos más antiguos, con algunas modificaciones, como la inclusión de facetas adicionales. Estos cortes de reciente desarrollo son vistos por muchos más como un intento de diferenciación de marca por vendedores de diamantes, que mejoras reales a la mejor calidad existente.  
La calidad del corte de un diamante es ampliamente considerada como el factor más importante en su belleza: un diamante bien cortado puede parecer de mayor peso en quilates, y tener una mejor claridad y color de los que realmente tiene. El corte del diamante determina su capacidad de reflejar y refractar la luz, pero es un parámetro difícil de evaluar cuantitativamente, ya que depende de una serie de factores: proporción, brillo, simetría, y los ángulos relativos de las diversas facetas. Facetas que se cortan sólo unos pocos grados por fuera de la alineación pueden dar por resultado una piedra de bajo rendimiento. Luego está el equilibrio entre el lustro del diamante y su fuego: un corte de diamante para demasiado fuego, por ejemplo, termina pareciéndose a un circonio cúbico. Un bien ejecutado corte brillante redondo refleja luz hacia arriba y hace que el diamante parezca de color blanco cuando se ve desde la parte superior. Una corte inferior produce una piedra que parece oscura en el centro y en casos extremos, el ajuste puede ser visto a través de la parte superior del diamante como sombras. Diferentes teorías sobre las proporciones "ideales" de un diamante abogan por un cambio en clasificación del corte, pasando del uso de los diversos ángulos y proporciones,  a medir el rendimiento de la piedra tallada. El GIA ha desarrollado un conjunto de criterios para la clasificación del corte de piedras redondas brillante, llamado Facetware, que es ahora el estándar en la industria del diamante.
El término rendimiento de la luz se utiliza para describir lo bien que un diamante pulido regresa la  luz al espectador, en función de tres características: brillo (lustro), fuego, y centelleo. Brillo se refiere a los reflejos de luz blanca de las superficies de las facetas internas y externas. Fuego se refiere a los colores del espectro que se producen como consecuencia de la dispersión de la luz blanca por el diamante. Centelleo se refiere a los pequeños destellos de luz que se ven cuando se mueve el diamante, la fuente de luz, o el espectador. El entorno en el que se coloca al diamante también afecta el rendimiento de la luz a través de él. Ajustes del diente son la opción más popular para la joyería de diamantes, ya que permiten entrar la máxima cantidad de luz desde todos los ángulos, haciendo que el diamante parezca más grande y más brillante. En la configuración del bisel, los diamantes o piedras preciosas están completamente rodeados por un borde de metal, con la espalda abierta o cerrada, y una moldura que puede permitir más o menos luz a través de la piedra. Los ajustes de canales, los más populares en las alianzas de boda y aniversario, colocan cada piedra justo al lado de la otra, sin ningún metal que las separe. Este tipo de ajuste protege el área de la faja de la piedra.